Otra manera de ver Egipto
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   -La milenaria tumba de la hija de un faraón que encontraron en Egipto.

      11 de Mayo de 2017

Una tumba de 3.700 años es el último descubrimiento que sorprendió a los arqueólogos en Egipto.

La cámara funeraria fue hallada en las cercanías de los restos de una pirámide también recientemente descubierta en el sur de El Cairo.

Y se cree que pertenece a la hija de un faraón.

El Ministerio de Antigüedades egipcio dijo que la cámara en la necrópolis real de Dahshur contenía una caja de madera grabada con jeroglíficos.

Dentro de la caja había cuatro vasos canopo (vasijas) con los de los órganos de la difunta, probablemente la hija del rey Emnikamaw.

La caja funeraria se encuentra a unos 600 metros de la última pirámide encontrada.

Nueva pirámide
El mes pasado, los arqueólogos que investigaron los restos de la pirámide encontraron un relieve con 10 líneas de jeroglíficos que llevaban el nombre de Emnikamaw.

También descubrieron los restos de un sarcófago antropoide, que en parte tiene forma humana.

Dahshur es donde el rey Sneferu de la cuarta dinastía construyó la primera verdadera pirámide de caras lisas de Egipto antiguo, una pirámide roja de 104 metros de alto, hace cerca de 4.600 años.

También construyó una versión anterior, la pirámide doblada de 105 metros de altura, cuyas pendientes cambian de ángulo de 54 grados a 43 grados aproximadamente a la mitad.

Sneferu fue sucedido por su hijo Khufu, famoso por la Gran Pirámide en Giza, que, con sus 138 metros de altura, era una de las 7 maravillas del mundo antiguo.

   +Información: www.t13.cl


   -Egiptólogos españoles recuperan un raro jardín funerario de 4.000 años en Luxor

      03 de Mayo de 2017

Lo sabemos por las pinturas, por la iconografía: a los antiguos egipcios no les bastaba con la momificación o ser enterrados en decorados ataúdes acompañados de decenas de ofrentas rituales. El sepulcro que acogería su cuerpo camino de la vida en el más allá incluía además un pequeño jardín que, con sus plantas, sus flores y sus árboles frutales, a veces con pequeños estanques, plantara cara al árido desierto egipcio en un ideal de resurección, renovación y renacimiento. Pero aunque se han encontrado numerosas representaciones de estos jardines funerarios en tumbas de visires y de funcionarios, pocos arqueólogos se han topado con un jardín funerario conservado in situ como el encontrado en la necrópolis de Draa Abu el Naga por un equipo español. «Nunca se había encontrado (un jardín funerario) así en la Antigua Tebas», ha señalado el director de la misión Proyecto Djehuty, José Manuel Galán.

El huerto, de unos 3.900 años de antigüedad, ha sido descubierto en el patio frente a una tumba que data del Reino Medio, excavada en la roca de la colina de Draa Abu El Naga a pocos kilómetros de la moderna Luxor, según ha detallado el Ministerio de Antigüedades en un comunicado. «El descubrimiento de este jardín puede ofrecer información sobre el medio ambiente y las técnicas de jardinería en la antigua Tebas (ahora Luxor) en la época del Reino Medio, hacia el 2000 a.C.», ha señalado el director del departamento de antigüedades en el Ministerio, Mahmoud Afifi.

El huerto encontrado tiene un tamaño de 3 por 2 metros, y está dividido en pequeñas parcelas cuadrangulares de unos 30 centímetros, en los que se compartimentarían los cultivos de plantas y flores. En el interior de cada espacio, delimitado con adobe, los egiptólos españoles han detectado una pequeña capa de limo, consecuencia de haber retenido agua, lo que confirma el uso de la estructura como jardín o huerto. En una esquina del huerto, se alzaba al menos un árbol que daría sombra y cobijo a los sacerdotes encargados de las ofrendas funerarias, del que se han encontrado restos de la raíz y parte del tronco (unos 30 cm) preservados durante casi 4.000 años.

En las paredes de algunas tumbas del Reino Nuevo (1539-1075 a.C.) se han encontrado representaciones de otros jardines funerarios a la entrada de las tumbas, junto a un par de árboles que refrescaran el recinto enmedio del inmisericorde desierto. Sin embargo, hechos de adobe y construídos con poca altura, la mayoría fueron ignorados o destruidos, por lo que «hay pocos datos arqueológicos al respecto».

«Si bien esta información era conocida a través de la iconografía, estaba muy poco documentada por la arqueología. Una vez más, nuestro yacimiento nos ofrece una nueva sorpresa, que nos permitirá realizar una aportación al conocimiento de la cultura y sociedad del antiguo Egipto», ha puntualizado Galán, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas español (CSIC).

Junto al jardín simbólico se han encontrado además piezas de cerámica de gran finura, recipientes que los egiptólogos suponen formaron parte del ritual funerario del difunto en el momento de su entierro. Un cuenco, encontrado bocabajo, ha logrado preservar casi intacto su contenido: cuatro dátiles y otros frutos pendientes de identificación.

«(El jardín) Probablemente tenía un significado simbólico, y tendría algún tipo de rol en los rituales funerarios», ha añadido Galán. Muchos rituales funerarios del Antiguo Egipto necesitaban de un estanque o zona arbórea, por lo que estos jardines servían como una pequeña representación simbólica de esas áreas verdes que los rituales exigían. Los frutos producidos por el jardín eran utilizados como ofrendas para el difunto.

Estelas de la Dinastía XIII
Además del pequeño huerto, la misión española Proyecto Djehuty, que excava desde 2002 en la necrópolis de Draa Abu El Naga, ha descubierto una pequeña capilla (46 x 70 x 55 cm) construida con ladrillos de adobe junto a la entrada de la tumba. Dentro, se han recuperado tres estelas datadas hacia la Dinastía XII (hacia el 1800 a.C.). Una estela pertenecería a un hombre llamado Renef-Seneb, mientras que la segunda pertenece al «ciudadano Jemenit, hijo de la dama de la casa, Idenu».

«Estos descubrimientos apuntan a la relevancia del área central de Draa Abu El Naga como un lugar sagrado de una variedad de actividades de culto y religiosas durante el Reino Medio», ha apuntado el director de la Administración de Antigüedades en el Alto Egipto, Hani Abul Azm.

   +Información: www.abc.es


   -El arqueólogo español que levanta colosos en Egipto

      25 de Abril de 2017

Hace ya 14 años de la primera vez que Miguel Ángel López Marcos se enfrentó a un gigante. Ha llovido tanto que, baqueteado en tales lides, va camino de lidiar con su décimo coloso. En los últimos tres lustros este arqueólogo castellano ha librado una batalla contra el tiempo y los achaques de las esculturas de proporciones faraónicas que permanecían esparcidas o enterradas entre las ruinas del templo de Amenhotep III, el más imponente de los recintos que una vez habitaron la antigua Tebas. Vamos en su búsqueda con el eco aún fresco del extraordinario hallazgo de un coloso sumergido en el fango de un descampado de Matariya, un populoso barrio de El Cairo. Un descubrimiento que ha asombrado a la Egiptología pero que López Marcos explica sin demasiada excitación. "Algo he oído pero se trata de un coloso más pequeño de los que acostumbro a reconstruir, de unos ocho metros. Su restauración será sencilla", dice a pie de obra desde la turística Luxor, donde apura su enésima campaña como miembro del proyecto que dirige la arqueóloga germano-armenia, Hourig Sourouzian."Jamás imaginé que pudiera hacer algo así. Fue un trabajo que comencé aplicando los conocimientos a los problemas que me encontraba", señala este soriano de 53 años que, repartido en dos temporadas, dedica seis meses al año a rescatar, ensamblar y curar a los colosos que flanqueaban los pilonos del templo. El complejo de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) -bisnieto del gran Tutmosis III y padre del hereje Ajenatón- es una rara avis en la ribera occidental de Luxor. Fue construido en la frontera entre los campos verdes y la tierra desértica, donde se halla el resto de templos. Consta de tres patios, un peristilo, una sala hipóstila y un santuario... Cientos de esculturas -retratos del faraón, su familia y sus dioses más queridos- se despeñaron. "Se piensa que la mayoría de las figuras cayeron a la vez. Según cuenta Estrabón, sucedió en el terremoto que se registró en el 27 a.C. Fue el mayor temblor y la causa del derrumbe de casi todo el templo", indica el experto."Los bloques fueron reutilizados para levantar un templo y algún palacio de época ramésida. Todos los colosos y las piezas que no podían se transportadas las dejaron aquí. De arquitectura no ha quedado nada. La sala hipóstila debía ser increíble pero solo quedan las basas de las columnas". De desempolvar la estatuaria que una vez lució en los muros del templo se encargan el español y la cuadrilla que administra, compuesta por 35 obreros. "Hemos aprendido mucho a lo largo de estos años. Hemos ganado en efectividad. Si para el primer coloso necesitamos 10 años, los del norte los completamos en 12 meses cada uno. Se hizo en un tiempo récord", esboza quien presume de una misión que está modificando el paisaje que transitan los turistas. "Es cierto. Está cambiando el perfil de la orilla occidental. Ya son ocho grandes estructuras las que han vuelto a aparecer. Están los dos colosos del norte, los del segundo pilono, tres colosos de cuarcita y uno de granito y una estela emplazada a la entrada del peristilo".Una compleja labor de reanimación firmada sin la gracia de las nuevas tecnologías, con utensilios similares a los que empuñaron los peones de los faraones. "No quiero maquinaria porque no la puedes controlar y cualquier movimiento en falso puede dañar irremediablemente la figura. Aquí seguimos usando los andamios de madera", precisa López Marcos. Hechos añicos, los colosos permanecieron durante siglos bajo agua, al igual que el último representante hallado hace unas semanas en El Cairo.
No quiero maquinaria porque no la puedes controlar y cualquier movimiento en falso puede dañar irremediablemente la figura
En la aventura de sacarlos a flote, los obreros recurrieron a las poleas y unos modernos cojines de aire comprimido. Todos, hasta el décimo coloso recuperado recientemente, han corrido la misma suerte. "El coloso número 10 lo hemos sacado del agua esta campaña. Ha sido una operación complicada porque se hallaba dividido en tres fragmentos: el pecho de 40 toneladas y otros dos fragmentos de 85 y 75 toneladas".Los dos últimos especímenes, de unos 10 metros de altura, corresponden al tercer pilono y están tallados en alabastro. "El del lado sur, el que acabamos de recuperar, está muy fracturado porque el alabastro es de muy mala calidad. Corre el riesgo de que la piedra se deshaga ante el mínimo error. El mayor reto era no perderlo en el proceso", comenta el hombre encargado de controlar su paso por quirófano. "He pegado ya unos 20 fragmentos del torso. La parte menos erosionada es la que ha estado bajo agua. No ha sufrido diferencias de temperatura ni la acción del sol o el aire, que la va puliendo". Su regreso a escena arrojó otro hallazgo: la presencia de una escultura de la gran reina consorte Tiy, abuela de Tutankamón, en una de las piernas del coloso, entre las jambas del trono. "Ha sido una sorpresa encontrar esa parte en buenas condiciones", admite López Marcos. Según el ministro de antigüedades egipcio, Jaled el Anani, la pieza -única y distinguida- es el primer testimonio de la "faraona" en alabastro.La pareja de titanes que, rotos en pedazos, surgió del fango aguarda ahora su fatigoso zurcido. "De momento, están estabilizados. Todas las piezas se hallan atadas con eslingas de carraca, unos cinturones que soportan más de 10 toneladas y que están apretando los fragmentos para que no se abran. Están, además, envueltas en lomas para que no sufran demasiados cambios de temperatura y se les han inyectado consolidantes para cerrar fisuras y grietas". El próximo año llegará el turno de completar el puzzle. "Siempre sigo el mismo procedimiento. A veces me encuentro con 300 o 400 fragmentos, que reduzco a cinco o seis franjas para facilitar el montaje final". Cuando ambas estructuras recuperen el hálito y vuelvan a los lugares donde fueron erguidas, el soriano -que dedica el resto del año a levantar menhires o rehabilitar castros por España, muy lejos de las proporciones del antiguo Egipto- dará la misión por cumplida. "Me quedan tres o cuatro años más. Todavía hay que montar algunos colosos pequeños y luego habrá que buscar otros lugares", musita. Su asignatura pendiente en la explanada sobre la que descansa el ruinoso legado del más espectacular de los templos de Millones de Años (como se denomina a los templos funerarios del Imperio Nuevo) son las dos moles del rey que custodiaban el acceso al recinto y que sobrevivieron a todas las calamidades convirtiéndose en una de las postales favoritas de quienes peregrinan hasta Luxor. Los colosos, que hoy se han sacudido siglos de orfandad, resistieron incluso al seísmo del 27 a.C. El envite, sin embargo, agrietó el coloso norte. De la pequeña hendidura nació un rumor chirriante que griegos y romanos convirtieron en la leyenda de Memnón, rey etíope, héroe de la guerra de Troya e hijo de Eos (la diosa del amanecer). "No hay acuerdo sobre lo que se debe hacer. Lo que resulta evidente es que son los colosos de Memnón los que se encuentran en peor estado porque presentan grietas estructurales. Tenemos guardados trozos de brazos y piernas para que se puedan montar", arguye el restaurador, inquieto por la salud de dos auténticos iconos. "La cuarcita es una piedra a la que le afectan mucho los cambios de humedad y temperatura. Se desgaja por capas como una cebolla. La diferencia de temperatura agrieta la piedra superficial y provoca que acabe cayendo como una lasca". Curtido en la convalecencia de sus hermanos de piedra, López Marcos no titubea cuando avanza el parte médico. "Se están diagnosticando todos los problemas que tiene. Mi opinión es clara: hay que intervenir".

   +Información: www.elmundo.es


   -Los tesoros que dejó atrás el «saqueador de tumbas» en Deir el Bahari

      20 de Abril de 2017

Entre los siglos XIX y XX, decenas de arqueólogos y aventureros envueltos en una pátina de romanticismo, desde Belzoni a Howard Carter, se acercaban como moscas a un Egipto que se dibujaba, en el imaginario colectivo europeo, preñado de tumbas, pirámides, momias y tesoros faraónicos, buscando el reconocimiento de un descubrimiento tras otro. Sin embargo, la egiptología como ciencia arqueológica, años después, es mucho más que llegar y besar el santo, como demuestra la expedición liderada por el español Antonio Morales, que desde 2015 investiga y cataloga los tesoros científicos menospreciados por los pioneros de la egiptología en dos tumbas de más de 4.000 años de antigüedad en la necrópolis de Deir el Bahari.

El egiptólogo Herbert Winlock (1884-1950) pasó como un torbellino por las tumbas de la colina de Deir el Bahari en la orilla occidental de Luxor, junto a la antigua Tebas, dirigiendo una expedición del Metropolitan de Nueva York en los años 20. Casi un siglo después, el trabajo que queda en la necrópolis es ingente: «Winlock excavó muchas tumbas, pero publicaba muy pocos datos. Tenía muy buen estilo escribiendo. A lo mejor publicaba un artículo de seis páginas, y dos eran sobre detalles mundanos como la visita de la señora tal o cual, y sólo dos se dedicaban a la información arqueológica extraída de las tumbas. Se dedicaba a la épica más que al trabajo científico», explica a ABC el egiptólogo sevillano.

El equipo de Morales, con 20 profesionales internacionales de diferentes disciplinas (desde geólogos a expertos en momificación) sigue los pasos de Winlock en las tumbas de Ipi (TT 315) y Henenu (TT 313), visir y tesorero real del reinado del faraón Mentuhotep II y su sucesor Amenemhat I. «Aquí queda mucha arqueología por hacer», asevera.

Pese a lo poco publicado por Winlock sobre estas dos tumbas, que datan del periodo conocido como Reino Medio (hacia el 2000 a.C.), su arquitectura y organización se utilizan como referentes de estudio de sepulcros de periodos posteriores (el Reino Nuevo). Sin embargo, las investigaciones del equipo de Morales, auspiciadas este año por primera vez por la Universidad de Alcalá de Henares, están cambiando esos paradigmas a cada piedra que extraen. «Como apenas se sabía nada, todo lo que sacamos está cambiando lo que creíamos conocido. Por ejemplo, se pensaba que la estructura estándar es una zona pública con un patio muy extenso, de unos 100 metros, seguido de la zona privada. Sin embargo, en el sepulcro del visir Ipi hemos visto que los arquitectos cortaron la roca madre para hacer una rampa central en el patio», sostiene Morales mientras pelea con la burocracia egipcia por obtener los permisos para que visitantes puedan acceder al yacimiento.

Decenas de tumbas
El invierno apenas ha acabado, pero el sol cae a plomo sobre Deir el Bahari. Un empinado sendero serpentea por la ladera de la colina que, como un queso gruyer, fue perforada durante siglos para construir decenas de tumbas. En las TT 315 y TT 313, separadas unos 150 metros, nadie comienza a trabajar hasta que el «mudir» (jefe, en árabe) da la orden. Un puñado de trabajadores locales, ataviados con su galabeya tradicional, hacen cadena para descender a la zona inferior de la colina los cascotes y rocas que van extrayendo de las tumbas y que disponen sobre una malla verde.

El equipo se divide en dos: los primeros investigan la tumba de Ipi, cuyo amplio patio -una zona pública- precede a un pasillo y a una cámara de culto, de planta cuadrada. Como muchas otras tumbas, la TT 315 fue saqueada y reutilizada como cantera. El expolio de las paredes de la cámara y las losas de piedra que recubrían la estancia descubrió bajo la solería un pasillo oculto que llevaba a la cámara funeraria donde descansaba el cuerpo del visir. Dentro, al equipo de Morales le esperaba un magnífico sarcófago de caliza con un peso estimado de ocho toneladas, tallado en una sola pieza y ricamente decorado. «Se trata de un sarcófago muy especial, pues es el único que tiene escrituras en la base», explica el egiptólogo doctorado de la Universidad de Pensilvania.

El sepulcro de Henenu
Unos metros más allá, el resto del equipo se afana en el sepulcro de Henenu, un importante personaje cargado de títulos «muy rimbombantes». El encargado de «la pezuña, el cuerno, la balanza y la pluma», de «toda ave que flote, vuele o se pose» y el «supervisor de lo que es y no es» fue enterrado en una tumba más larga, de cuarenta metros de profundidad y diversas galerías que se pierden en el interior de la montaña. Sin apenas ventilación y casi en la oscuridad, una arqueóloga del equipo se adentra en uno de los nueve pozos encontrados en el complejo funerario, de más de más de 5,5 metros de profundidad.

Allí, se han encontrado nuevas salas, decoraciones e incluso restos de cuerpos humanos. Fuera de la tumba y al pie de la colina, donde los sacerdotes prefirieron construir una pequeña capilla de adobe para el culto diario, seguramente intentando evitar la perspectiva de subir diariamente hasta la puerta del sepulcro, Morales se muestra confiado: «Henenu nos va a dar más información original», asevera. Este año, dos profesores de la UAH parte del equipo multidisciplinar -financiado por las fundaciones Gaselec de Melilla y Palarq de Barcelona- comenzarán además con la digitalización 3D de las tumbas, lo que facilitará nuevos estudios de forma remota sobre la arquitectura y geografía de los sepulcros construidos para ambos personajes.

Ambos fueron funcionarios clave en uno de los periodos más interesantes del Antiguo Egipto, cuando tras una guerra civil que enfrentó al norte y al sur una familia de nobles en Tebas se embarca en la reconquista del país del Nilo y se nombraron faraones. «Mentuhotep II -a quien Henenu servía- fue el primer monarca de la reunificación. Fue un antes y un después en la historia de Egipto», relata Morales, quien destaca la oportunidad de estudiar las tumbas de dos funcionarios «con impacto directo en la política del momento».

El descubrimiento más sorprendente
Pero el descubrimiento más sorprendente, que según adelanta Morales (a la espera de que el Ministerio de Antigüedades de luz verde a la publicación de la información más detallada) lo han encontrado junto a la entrada a la tumba del visir Ipi. Un pozo de metro y medio de profundidad lleno de bolsas y ánforas con material de momificación que se descubrió en 2016 y que está ofreciendo mucho más de lo que esperaban. « Como no son ‘puros’, no pueden ir en la cámara del sarcófago, pero al haber sido utilizadas para la momificación de alguien que irá al más allá, tampoco se pueden tirar sin más», explica el egiptólogo español.

Decenas de paños, todos utilizados en la momificación de Ipi y llenos de restos de sangre y otros materiales biológicos, incluso un órgano pendiente de identificación, conforman el descubrimiento que Winlock dejó a un lado. «Sólo se llevó 4 jarras. Buscaba más bien el valor estético, no lo científico», explica Morales, que destaca que el descubrimiento «permitirá estudiar el proceso técnico de momificación de un visir». Ataviados con mascarillas y guantes, los egiptólogos de Morales extraen los paquetes de paños impregnados en natrón, un tipo de sal empleada para desecar el cadáver, y que, más de 4.000 años después, «pica en los ojos, en las manos. Es un peñazo».

Pese a los más de 800 kilómetros que los separan, las noticias del atentado contra dos iglesias en el norte de Egipto llegan rápido, aunque no los amilanan: ellos no son turistas, que huyen en desbandada del país de los faraones. Para los próximos años, Morales ha solicitado ya al Ministerio la concesión de otras tres tumbas, que prolongarán los trabajos de esta misión española.

   +Información: www.abc.es


   -Egipto revela una estatua gigante restaurada de Ramsés II

      20 de Abril de 2017

Egipto ha presentado una enorme estatua de granito de Ramsés II, el más poderoso y célebre de los antiguos faraones, después de completar su restauración. De 11 metros de altura y un peso de 75 toneladas, la estatua fue presentada en una ceremonia iluminada en el Templo de Luxor en las orillas del Nilo el martes por la noche. Cuando la estatua fue descubierta entre 1958 y 1960, estaba en 57 piezas.

Ramsés II, también conocido como Ramsés el Grande o Ozymandias, reinó hace más de 3.000 años. Él llevó varias expediciones militares y amplió el imperio egipcio hasta Siria en el norte o hasta Nubia en el sur.

La estatua fue exhibida apenas horas después de que los arqueólogos revelaran la tumba de un noble de hace más de 3.000 años, la última de una serie de descubrimientos con los que Egipto espera reavivar un negocio turístico golpeado por la inestabilidad política.

”Lo que nos alegra es que (el tipo de turistas atraídos por) el Egipto clásico, Luxor, Aswan, cruceros del Nilo ... vuelven a los niveles normales de nuevo”, dijo Hisham El Demery, jefe de la Autoridad de Desarrollo Turístico de Egipto.

Sin embargo, un ataque el martes reclamado por el estado islámico cerca del monasterio de Santa Catalina - uno de los sitios cristianos más importantes del mundo - revivió los temores para el sector turístico. El ataque dejó un oficial de policía muerto y otros cuatro heridos.

La estatua se exhibió después de que se descubriera la tumba de un noble de hace más de 3.000 años.

   +Información: www.lavanguardia.com

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