La familia Abd el rassul se había dedicado desde época antigua al saqueo de las tumbas e incluso edificaban encima de ellas para poder trabajar sin levantar sospecha. Después de interrogar a Ahmed y no conseguir nada, le toco el turno a Mohamed, hermano mayor de Ahmed, el cual confesó el lugar de la tumba.
El lugar, un pozo de unos 13 metros de profundidad al que solo se podía acceder con cuerdas, daba paso a un corredor de más de 20 metros de largo y desembocaba en una habitación cuadrada de 5 metros en la cual, para asombro de todos los presentes se hallaban los sarcófagos de los Reyes del Imperio Nuevo. Amenofis I, Thutmosis I, Thutmosis II, Thutmosis III, Ramsé I, Sety I, Ramsé II… .Peroesto no era todo, en otrasalaanexa se encontaraban las momias de la XXI Dinastía: Pinedyem I, Pinedyem II y muchos de sus familiares.
Con este gran descubrimiento llegó la duda de que hacían enterradas todas juntas en este lugar, la pregunta se contestó en el mismo lugar, en la paredes se encontraba la repuesta. A finales de la XX Dinastía el poder del Faraón se debilitó y los saqueos a las tumbas era una manera más de ganarse la vida. Fue entonces cuando a los sacerdotes se les ocurrió conservarlas a todas en un lugar más seguro, fuera de la mano de los ladrones.
Una anécdota. Sucedió en el transcurso del viaje de los Faraones hasta el antiguo museo de Bulaq, Se corrió la voz de la procesión que surcaría el Nilo y los campesinos se acercaban a la orilla para verlos pasar, daban gritos de dolor, como si de una comitiva fúnebre se tratara, y es que desfilaban ante ellos los grandes Faraones que en un pasado reinaron al Antiguo Egipto.